Inauguración 15.04.2026

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El alcalde de Palma y presidente de la Fundación Pilar y Joan Miró en Mallorca, Sr. Jaime Martínez Llabrés, se complace en invitarle a la inauguración de las nuevas exposiciones temporales.

Programa:

18.00 h – Visita guiada para los Amigos a las exposiciones de la mano de los artistas

19.00 h – Bienvenida y parlamentos

19.15 h – Visita libre a las exposiciones con los artistas

19.30 h – Cóctel en los jardines y concierto a cargo de Trio Miró

21 h – Clausura del acto.

 

* Información relevante: la Fundación dispone de parking gratuito, pero las plazas son limitadas. De 18:30 a 21.40 h se ofrecerá un servicio de transporte gratuito que conectará el Aparcamiento Disuasivo de Marivent (Avenida Joan Miró, 227 B, Ponent, 07015 Palma, Islas Baleares) con la Fundación cada 15 min.

Colabora:


Carlos Bunga, 'Habitar la contradicción', 2025. Cortesia de l'artista.

New life after fire – Carlos Bunga

15.04.26 – 06.09.26 / Espai Cúbic

 

 “He pintado estos cuadros con frenesí, con verdadera violencia, para que la gente sepa que estoy vivo, que respiro, que aún me quedan algunos lugares por recorrer. Voy hacia nuevas direcciones.”

Joan Miró sobre sus Toiles brûlées (Telas quemadas), 1978

 

“Me encanta trabajar con fuego […] Transforma más que destruye, actuando sobre lo que consume con una fuerza creativa que posee magia.”

Joan Miró en una entrevista con Raoul-Jean Moulin, 1974

 

La obra de Carlos Bunga trata conceptos como proceso, metamorfosis, (los ciclos de la) naturaleza, vida/muerte/renacimiento (la fragilidad de todo en la Tierra), tiempo, temporalidad, lo efímero, inestable e intermedio. Por eso Bunga rechaza la idea de que una obra de arte deba existir de forma permanente desde su nacimiento hasta su irreversible final; que el arte, como los organismos vivos, es finito y está sometido a cambios durante su vida.

Joan Miró, con su intención de “asesinar la pintura” –proclamada ya en 1927–, y la revitalización de este concepto con la serie de telas quemadas que creó en 1973, con 80 años, parece un alma gemela de Carlos Bunga. Bunga también utiliza medios radicales para la creación de sus obras. Obras que a menudo tienen en cuenta cuestiones políticas y sociales de la época en la que son creadas –como hizo Miró, especialmente con la serie de telas antes mencionada. La violencia de la que hablaba Miró en relación con las telas quemadas se refleja en cómo las alteraciones drásticas que Bunga hace de sus entornos temporales para instituciones artísticas a menudo son percibidas como “violentas” o “destructivas”. Para Miró, la violencia en la creación de las telas quemadas no significaba su destrucción, sino que aquellas obras lo que le permitían era, sobre todo, encaminarse hacia nuevas direcciones. Para Bunga, las transiciones que enciende en sus obras –fieles a los conceptos mencionados que trata, más que a la violencia o la destrucción– también le permiten cubrir nuevos territorios. A través de sus transiciones, estas obras entran en una nueva fase, una nueva vida con la que Bunga enfatiza que el arte debe ser considerado algo vivo y cambiante, asegurándonos, como hizo Miró antes que él, que para el arte –como para la naturaleza– siempre hay una nueva vida después del fuego.

Roland Groenenboom


© Jean Marie del Moral

Horta Picasso – Miró Mont-roig – Jean Marie del Moral

02.04.26 – 06.09.26 / Espai Zero

Jean Marie del Moral (Montoire-sur-le-Loir, Francia, 1952) es un fotógrafo con una larga trayectoria profesional. Hijo de exiliados republicanos –de madre catalana y padre andaluz–, como fotoperiodista empezó a ser conocido como autor de una obra personal y, en 1972, inició su colaboración con el periódico L’Humanité, donde firmaba crónicas sobre varios conflictos internacionales.

Sin embargo, en 1978, conocer a Joan Miró cambiaría para siempre la dirección de su futuro como fotógrafo. En un encuentro en Barcelona, Jean Marie del Moral pidió a Miró poder fotografiarle en su estudio de Mallorca. Miró accedió. Del Moral pasó una tarde con el artista en Son Abrines y quedó fascinado por el estudio de Sert y por la obra y la personalidad de Miró. Se dio cuenta de la importancia que tiene el estudio para el artista y de la oportunidad que la fotografía ofrece no solo para captar la atmósfera del espacio, sino también para hacer visible, en lo posible, el misterio del proceso de creación, el enigma del arte.

Desde entonces, una parte muy importante de su obra fotográfica se ha centrado en la visita a los talleres de muchos de los grandes artistas de nuestros tiempos, como Miquel Barceló, entre muchos otros.

Pero el caso de Picasso y Miró es distinto. Miró no ha dejado de ser uno de los grandes referentes éticos y estéticos de Del Moral. Tras la muerte de Miró, el fotógrafo ha regresado varias veces a los talleres de Mallorca y de Mont-roig, buscando comprender el misterio y la potencia visual y poética de su arte.

Aunque Picasso y Miró pintaban de formas muy distintas, Jean Marie del Moral considera que las raíces de su arte son comunes, y es en la semejanza entre Horta y Mont-roig que la fuerza telúrica de la naturaleza llega a la obra de esos dos grandes artistas.

Del Moral hizo varios viajes a Mont-roig y a Horta en otoño de 2022. A pesar de ser lugares que conocía bien, como si de un viaje iniciático ritual se tratara, visitó y fotografió de nuevo esos lugares como verdaderos espacios de memoria: el Mas Miró, la iglesia vieja y la ermita de la Mare de Déu de la Roca, en Mont-roig, y Horta de Sant Joan, donde Picasso descubrió el cubismo en 1909.

Jean Marie del Moral, desde su mirada lúcida y poética, nos hace ver un nuevo Miró, un nuevo Picasso, siempre renovados, cercanos en lo esencial. “El arte puede morir, lo que importa es que haya esparcido semillas por la tierra”, afirmaba Miró. Del Moral crea imágenes semilla, imágenes trascendentes que nos invitan a la contemplación, a la imaginación, a la reflexión y al conocimiento.

Manel Guerrero Brullet


“La montagna incantata”, 2023 © Claudio Zulian

La montagna incantata – Claudio Zulian

15.04.26 – 06.09.26 / Auditorio

La polifonía no es solo la coexistencia de varias voces, sino la capacidad de escucharlas al mismo tiempo sin reducirlas a una sola. Implica una forma de atención que asume la simultaneidad, el desacuerdo y la superposición como condiciones de sentido. En la obra de Claudio Zulian, esta lógica relacional atraviesa la imagen, el sonido y el relato, así como el mismo gesto de trabajar con otros.

Antes de desarrollar su trayectoria como cineasta y artista visual, su formación musical situó la escucha, el ritmo y la relación entre registros como aprendizajes fundamentales. De aquella experiencia inicial perdura una concepción de la creación como espacio compartido, donde cada voz mantiene su singularidad y donde el conjunto no se articula desde la jerarquía, sino desde los vínculos.

Trasladada al cine y a la práctica artística, esta sensibilidad se concreta en proyectos concebidos como composiciones abiertas, configuradas por tiempos, espacios, presencias y testimonios que coexisten. Las obras audiovisuales presentadas en esta exposición –desde L’Avenir (2004) y A través del Carmel (2006) hasta A lo mejor (2007) y La montaña mágica (2023)– activan un espacio donde convergen memorias, trayectorias vitales y formas varias de habitar el mundo.

Lejos de funcionar como ilustraciones de un discurso previo, estos proyectos construyen el relato desde la experiencia situada, tocando lo real y concreto, y manteniendo una tensión constante entre lo individual y lo colectivo. La dimensión política de la obra de Zulian se manifiesta en la atención a la cotidianeidad: los pequeños gestos, los ritmos de vida, las formas de trabajo y los desplazamientos. Sus películas atienden procesos de transformación en curso y entienden la memoria como un territorio vivo, en constante reescritura.

Desde el punto de vista cinematográfico, el uso del plano secuencia y la atención a la duración refuerzan una ética de la continuidad: el tiempo no se fragmenta, y la experiencia se despliega sin interrupciones artificiales. La cámara acompaña procesos de cambio –vitales, urbanos, sociales o simbólicos– y permite que emerjan los ritmos cotidianos, los rituales comunitarios y las diferentes formas de relacionarse con el espacio.

En conjunto, la obra de Zulian configura una experiencia de atención compartida donde las dimensiones particulares y comunitarias entran en diálogo, y donde la polifonía se convierte en una forma de pensar las relaciones y de situarnos en el presente.

Sofia Moisés Pizà

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